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Lectura a fuego lento

Por: Grabiel Garay


 

Una maestra cuenta que para aprender a cocinar hay que tener ingredientes, alguien que te guie y luego pasar tiempo en la cocina una, dos, tres veces, muchas, muchas veces. Con esa experticia uno comenzará a hacer maravillas, así tenga pocos ingredientes. Eso mismo, amigos, ocurre con la lectura, porque para aprender a leer se necesita materiales de lectura: no fichas ni copias, sino libros. ¿Por qué libros? Porque sin ellos es imposible ser lectores. ¿Pero basta con eso? No, se necesita, además, una persona que tienda ese puente y encienda las ganas de leer. Es decir, interactuar, pasar tiempo una y otra vez con los libros de literatura e ir ampliando el corpus literario. Y como en todo aprendizaje —tanto en la cocina o con la lectura— habrá tiempo para errar, conversar, debatir, reflexionar sobre ellos y hacer los cambios necesarios para seguir apropiándonos de este hábito. Cumplidas estas condiciones podremos formar pequeños y grandes lectores.




 
 
 

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